Elixir de soies. Flirteando con la seda, el modernismo de los años 50 y 60 adopta una nueva estética. Sus líneas angulares características se suavizan con el trazo libre de la seda pintada a mano, hasta llegar a ondularse.
Un aire de despreocupación anima las composiciones geométricas y los motivos abstractos, de los cuales brotan los colores. En medio de la euforia, las creaciones hacen un guiño pícaro a los tejidos de Anni Albers, a las fachadas rítmicas de Gio Ponti y a los estampados gráficos de Emilio Pucci.
Con la colaboración de Marie Papillaud y Vincent Gevin.